miércoles, 14 de noviembre de 2012

Nuestra flor nacional: El ceibo

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        La flor del ceibo es nuestra flor nacional. Sin dudas, una bellísima flor, la cual ha dado lugar a hermosísimas leyendas y poemas que hoy traigo para compartir con ustedes.

       Sin embargo, antes de eso, me gustaría contarles un poco acerca del árbol que da esta flor. Es originario de América. Crece en las zonas cercanas a los ríos, lagos y humedales. No es un árbol de estatura elevada y tiene un follaje caduco de intenso color verde. Su tronco es retorcido y su madera es utilizada para fabricar artículos de poco peso. En lo que respecta a las flores son de color rojo carmín y grande y son utilizadas para teñir telas.

      A continuación les dejo algunos poemas y leyendas sobre el ceibo y su flor.


    LA FLOR DE CEIBO
     Me lo dijo un indio viejo y medio brujo
    que se santiguaba y adoraba al sol:
    " Los ceibos del tiempo en que yo era niño
    no lucían flores rojas como hoy.
    Pero una mañana sucedió el milagro
    -es algo tan bello que cuesta creer-;
    con la aurora vimos al ceibal de grana,
    cual si por dos lados fuera a amanecer.
    Y era que la moza más linda del pago,
    esperando al novio toda la velada,
    por entretenerse se había pasado
    la hoja del ceibo por entre los labios.
    Entonces los ceibos como por encanto,
    se fueron tiñendo de rojo color. . ."
    Tal lo que me dijo aquel indio viejo
    que se santiguaba y adoraba al sol.

                     
  Fernán Silva Valdés

 Leyenda del ceibo

      Cuenta la leyenda que en las riberas del Paraná, vivía una indiecita fea, de rasgos toscos, llamada Anahí. Era fea, pero en las tardecitas veraniegas deleitaba a toda la gente de su tribu guaraní con sus canciones inspiradas en sus dioses y el amor a la tierra de la que eran dueños... Pero llegaron los invasores, esos valientes, atrevidos y aguerridos seres de piel blanca, que arrasaron las tribus y les arrebataron las tierras, los ídolos, y su libertad.

      Anahí fue llevada cautiva junto con otros indígenas. Pasó muchos días llorando y muchas noches en vigilia, hasta que un día en que el sueño venció a su centinela, la indiecita logró escapar, pero al hacerlo, el centinela despertó, y ella, para lograr su objetivo, hundió un puñal en el pecho de su guardián, y huyó rápidamente a la selva.

      El grito del moribundo carcelero, despertó a los otros españoles, que salieron en una persecución que se convirtió en cacería de la pobre Anahí, quien al rato, fue alcanzada por los conquistadores. Éstos, en venganza por la muerte del guardián, le impusieron como castigo la muerte en la hoguera. La ataron a un árbol e iniciaron el fuego, que parecía no querer alargar sus llamas hacia la doncella indígena, que sin murmurar palabra, sufría en silencio, con su cabeza inclinada hacia un costado. Y cuando el fuego comenzó a subir, Anahí se fue convirtiendo en árbol, identificándose con la planta en un asombroso milagro.

       Al siguiente amanecer, los soldados se encontraron ante el espectáculo de un hermoso árbol de verdes hojas relucientes, y flores rojas aterciopeladas, que se mostraba en todo su esplendor, como el símbolo de valentía y fortaleza ante el sufrimiento.


El ceibo
Yo tengo mis recuerdos asidos a tus hojas,
yo te amo como se ama la sombra del hogar,
risueño compañero del alba de mi vida,
ceibo esplendoroso del regio Paraná.
Las horas del estío pasadas a tu sombra,
pendiente de tus brazos mi hamaca guaraní,
eternas vibraciones dejaron en mi pecho,
tesoro de armonías que llevo al porvenir.
Y muchas veces, muchas, mi frente enardecida,
tostada por el rayo del sol meridional,
brumosa con la niebla de luz del pensamiento,
buscó bajo tu copa frescura y soledad.
Allí, bajo las ramas nerviosas y apartadas,
teniendo por doseles tus flores de carmín,
también su hogar aéreo suspenden los boyeros,
columpio predilecto del céfiro feliz.
Se arrojan en tus brazos, pidiéndoles apoyo,
mil suertes de lanas de múltiple color;
y abriendo victorioso tus flores carmesíes,
guirnalda de las islas, coronas su mansión.
Recuerdo aquellas ondas azules y risueñas
que en torno repetían las glorias de tu sien,
y aquellas que el pampero, sonoras y tendidas,
lanzaba cual un manto de espumas a tu pie.
Evoco aquellas tardes doradas y tranquilas,
cargadas de perfumes, de cantos y de amor,
en que los vagos sueños que duermen en el alma
despiertan en las notas de blanda vibración.
Entonces los rumores que viven en tus hojas,
confunden con las olas su música fugaz,
y se oyen de las aves los vuelos y los roces,
vagando entre las cintas del verde totoral.
¡Momentos deliciosos de olvido, de esperanza!
¡Destellos que iluminan la hermosa juventud!
¡Aquí es donde se sueña la virgen prometida
y es lumbre de sus ojos la ráfaga de luz!
Amigo de la infancia, te pido de rodillas
que el día en que a mi amada la sirvas de dosel,
me des una flor tuya, la flor mejor abierta,
para ceñir con ella la nieve de su sien.
¡Que nunca Dios me niegue tu sombra bienhechora,
ceibo de mis islas, señor del Paraná!
¡Que pueda con mis versos dejar contigo el alma
viviendo de tu vida, gozando de tu paz!
¡Ah! ¡Cuando nada reste de tu cantor y seas
su solo monumento, su pompa funeral,
yo sé que en la corteza de tu musgoso tronco
alguna mano amiga mi nombre ha de grabar!

Rafael Obligado



6 comentarios:

Anónimo dijo...

muy linda flor y es nuestra

Anónimo dijo...

PORQUE LA FLOR ES COLOR GRANA?

Sheila Rodríguez dijo...

Realmente hermoso!

Abuela Creativa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Luis Anastasia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Luis Anastasia dijo...

Siempre me pareció que la flor de ceibo escondía algo, especialmente por el color y la leyenda de estar relacionada con una mujer, ahora me doy cuenta que la flor parece el exterior de una vagina completa, interesante...